[Juan Soto Ivars] (June 23, 2026) SI TE Escandaliza QUE A Ábalos LE Caigan 24 Años ES TU Problema. NO EL DE Sánchez

El mismo día en el que el Tribunal Supremo acaba de condenar a su exministro de Transportes y
exsecretario de Organización del PSOE a 24 años y tres meses de cárcel, nuestro presidente
aparece recomendando beber agua y presumiendo de tranfosmación energética. No es IA.

Pedro Sánchez reaccionó a la condena de José Luis Ábalos hablando de golpes de calor,
emergencia climática, fondos europeos, transformación verde y digitalización.
Por lo que sea no dijo nada de que Ábalos fue una pieza central del sanchismo: ministro, hombre fuerte del partido, secretario de Organización del PSOE y uno de los rostros de la moción de censura de 2018 contra Mariano Rajoy. Entonces el exministro defendiendo el gobierno de Pedro Sánchez prometía limpieza democrática, ejemplaridad, decencia pública y regeneración. Ahora es el primer gran condenado del sanchismo.

La sentencia del Supremo da por probado el amaño de contratos de mascarillas durante la pandemia, el uso del Ministerio de Transportes como plataforma de poder, los pagos, los favores y las comisiones. Ábalos queda condenado por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Koldo García, su asesor de confianza, recibe una pena de casi 20 años. Aldama, el empresario que colaboró con la justicia, es condenado a cuatro años y medio, pero evita entrar en prisión.

Y claro, en TVE, en la SER, en la prensa afín y en la sincronizada, el foco se desplaza inmediatamente hacia Aldama: el corruptor que no entra en prisión, el empresario que se libra, el “chivato” premiado, el supuesto mensaje de que basta con ayudar a tumbar a un gobierno de izquierdas para salvarse. Antonio Maestre resume esa línea con una frase perfecta para medir la confusión que algunos quieren arrojar sobre el asunto: “si eres corrupto, puedes salvarte si ayudas a tumbar a un gobierno de izquierdas”.

El problema es que la propia hemeroteca del Gobierno desmonta ese marco. Félix Bolaños defendió en 2024 el indulto parcial a José Luis Peñas, el exconcejal del PP que destapó la Gürtel, con una frase clarísima: “quien colabora con la justicia tiene el apoyo del Gobierno de España”. Entonces, hace un año, colaborar con la justicia era ejemplar, democrático y necesario para destapar una trama de corrupción del PP. Ahora, cuando el arrepentido se llama Aldama y la trama toca al PSOE, la colaboración se convierte en una maniobra oscura y conspiradora contra la izquierda.

Ese es el doble rasero que convierte la sentencia en algo mucho más grande que el caso mascarillas. Cuando José Luis Peñas ayudó a tirar de la manta de Gürtel, era un denunciante fundamental. Cuando Aldama ayuda a reconstruir la trama de Ábalos, Koldo y el Ministerio de Transportes, pasa a ser el corruptor sospechoso al que no habría que premiar. El principio jurídico es el mismo: las organizaciones criminales se investigan mejor cuando alguien de dentro habla.
Sin arrepentidos es imposible conocer a la Mafia por dentro.

La reacción de Pedro Sánchez también tiene otra capa. Mientras el Supremo sentencia una trama de corrupción durante la pandemia, el presidente habla del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, de los fondos Next Generation, de España verde y digital, de fábricas de baterías, microchips y modernización económica. El mismo día en que se acredita judicialmente el saqueo de contratos públicos de emergencia, Sánchez presume de haber usado bien los fondos europeos y de coronar una década hasta 2030.

La frase queda apuntada para el futuro. Porque si años después se investigan los fondos Next Generation, los PERTE, la SEPI, las adjudicaciones verdes, los contratos digitales o las redes clientelares del dinero europeo, ese discurso tendrá la misma resonancia que hoy tienen las viejas palabras de Ábalos sobre decencia, ejemplaridad y corrupción.

El PSOE llegó al Gobierno prometiendo regeneración tras la Gürtel y acaba con su exministro de Transportes condenado por una trama de mascarillas en plena pandemia. Sánchez hablaba de gobernantes decentes y termina rodeado de Ábalos, Koldo, Aldama, Santos Cerdán, Leire Díez, Begoña Gómez, Zapatero, Plus Ultra, Air Europa, Jéssica….

Cada pieza tiene su expediente, su juez y su recorrido, pero todas empujan hacia la misma pregunta: cuántas causas necesita un partido para dejar de hablar de lawfare y empezar a hablar de corrupción.

El punto decisivo no es solo que Ábalos caiga. Es que Aldama no entra en prisión porque ha colaborado. Julio Martínez, Gertrudis Alcázar, Leire Díez y cualquiera que conozca por dentro otras piezas del mapa judicial del PSOE ya han visto el camino.

La justicia acaba de recordar que el arrepentido puede hundir una trama entera. Y cuando una estructura se sostiene sobre intereses personales, favores, dinero y miedo, el primer delator nunca suele ser el último.

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