[Juan Soto Ivars] (August 24, 2026) Sánchez Y LA Izquierda Contra LA Realidad: Capítulo Ceuta

A Pedro Sánchez y al PSOE se les puede reconocer experiencia administrando desgracias:
pandemia, DANA, apagones, incendios, trenes… material no les ha faltado. El problema es
que en Ceuta quizá hayan hecho mal esas cuentas que suelen salir estupendas de Moncloa.

Ceuta sigue sin volver a la normalidad casi un mes después de la entrada masiva del 30 de julio. Decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos, la mayoría regresaron después, pero todavía permanecen varios miles en la ciudad y parte de ellos han pasado semanas durmiendo en playas, cunetas y asentamientos improvisados. El Trampolín ha sido desalojado varias veces, se han habilitado instalaciones provisionales y el problema ya ha saltado de la inmigración a la sanidad, la hostelería, los colegios y la relación con Marruecos.

Este lunes 24 de agosto la discusión está precisamente ahí. Alberto Núñez Feijóo habla de una “crisis de salud pública” por los casos detectados de sarna, tuberculosis, gastroenteritis y otras enfermedades; Mónica García y Elma Saiz responden que no existe base sanitaria para un confinamiento y acusan al PP de alimentar el miedo. Entre medias hay datos menos cómodos para cualquiera de las dos trincheras: Defensa ha confirmado un brote de sarna entre militares desplazados a Ceuta, mientras los casos de tuberculosis registrados son muy pocos y no contagiosos.

También existe un daño económico muy concreto. Hosteleros de las zonas costeras aseguran haber perdido entre un 80% y un 90% de sus ingresos y Carlos Cuerpo tiene previsto desplazarse a Ceuta para estudiar medidas de apoyo. La imagen de los bares abiertos que algunos utilizaron para hablar de “normalidad” convive con playas inutilizadas, negocios prácticamente vacíos y miles de personas que han tenido que ser alojadas en instalaciones temporales.

Ahí aparece una de las polémicas que mejor resume el choque entre el relato nacional y lo que cuentan muchos ceutíes. Alejandra Martínez Velasco, comunicadora de Canal Red que se presenta como jurista, politóloga y especialista en género, migraciones y derechos humanos, recorrió barrios de Ceuta defendiendo que podía caminar de madrugada y que durante el fin de semana había bares llenos y familias en los parques. El Faro de Ceuta recogió su visita precisamente bajo el titular de que una influencer “quita hierro” a la situación.

En televisión, una vecina llamada María del Mar le planteó una pregunta bastante menos teórica: si había pasado seis días en Ceuta, por qué no había dedicado tres a escuchar a los migrantes y otros tres a los vecinos. Después habló de personas mayores encerradas en sus casas, playas vacías y preocupación por el comienzo del curso. Ese choque ocupa buena parte de este análisis: periodistas e influencers que llegan durante unos días para demostrar una tesis frente a personas que seguirán allí cuando las cámaras se marchen.

Por eso El Faro de Ceuta se ha convertido estas semanas en una fuente especialmente útil. Uno de sus editoriales preguntaba directamente “¿Nos está tomando el pelo a todos?” y cargaba contra la gestión del Gobierno después del desalojo fallido de El Trampolín. El propio periódico ha informado sobre nuevos asentamientos, detenciones, presencia militar y las consecuencias económicas y sociales que continúan después de que desaparecieran las imágenes más espectaculares de la frontera.

La crisis tiene además una dimensión que ya supera la inmigración. El ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, acaba de reivindicar el supuesto “derecho histórico y geográfico” de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, precisamente cuando la relación entre Pedro Sánchez y Mohamed VI vuelve a quedar bajo presión. A esto se suma el Mundial de 2030, compartido por España, Portugal y Marruecos, y una frontera cuya estabilidad continúa dependiendo en buena medida de la voluntad de Rabat.

Mientras unos hablan de invasión y otros de crisis humanitaria, Ceuta está proporcionando algo bastante más interesante: la posibilidad de comprobar cada relato contra los hechos. Incluso RTVE reconoce que semanas después de la entrada masiva siguen existiendo personas durmiendo en playas y carreteras y asentamientos alrededor del CETI.

La discusión no debería consistir en elegir entre negar el problema o convertir a cada inmigrante en una amenaza. Hay muertos, miles de personas atrapadas, ciudadanos agotados, negocios afectados, problemas sanitarios reales pero medibles y un Estado vecino que acaba de volver a reclamar abiertamente territorio español.

Y casi un mes después, Ceuta sigue ahí.