[Juan Soto Ivars] (August 25, 2026) Pedro Sánchez LE HA Visto LAS Cartas A Óscar Puente

Óscar Puente acaba de cometer un error bastante curioso: enseñar las cartas mientras el
taur Sánchez todavía está sentado a la mesa. El ministro de transportes parece que no sabe
cuál es la regla de oro de las sucesiones políticas: normalente el que se postula pierde.

Óscar Puente ha conseguido abrir en pleno agosto uno de esos debates que oficialmente nadie quiere abrir: quién puede suceder a Pedro Sánchez. En una entrevista con Europa Press aseguró que Sánchez es “el Michael Jordan” del PSOE y que debería seguir otros cuatro o cinco años, pero añadió algo bastante menos protocolario: si alguna vez le llega la última pelota, él “no es de los que la pasan”. Al día siguiente tuvo que matizarlo y bromear con que tampoco se descarta para suceder al Papa o al novio de Angelina Jolie.

La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, ya ha tenido que salir a cerrar el asunto asegurando que Sánchez sigue siendo “el mejor líder” y reduciendo lo demás a “falsas polémicas”. Y en Valladolid, Jesús Julio Carnero también ha aprovechado el ruido para retar a Puente a volver a disputarle la alcaldía en 2027. El problema de decir que no quieres hablar de una sucesión mientras explicas cómo sería esa sucesión es que normalmente acaba hablando todo el mundo de ella.

Puente llega además a este pequeño ataque de sinceridad después de otra semana especialmente suya. Criticó con dureza a Felipe VI por fotografiarse con Javier Negre, calificó la imagen de “ofensiva” y habló de una “línea roja”; cargó contra Isabel Díaz Ayuso por el ático de Chamberí; y volvió a enfrentarse con periodistas que cuestionan su gestión.

Uno de ellos ha sido Daniel Gascón, que publicó en El País la columna La utilidad de Óscar Puente. El texto cuestionaba si los exabruptos del ministro sirven para distraer de los problemas reales de su departamento o representan directamente una forma de hacer política. La respuesta de Puente fue atacar a Gascón y después cuestionar que tanto él como Rafa Latorre Garrocho —también crítico con el Gobierno— tengan espacio en El País.

Ese detalle resulta bastante más interesante que otra bronca de Twitter. Un ministro puede responder a un columnista; otra cosa es que sugiera qué voces resulta lógico que tengan sitio en un periódico privado. Y encaja perfectamente con el personaje político que Puente ha construido: una mezcla de ministro de Transportes, portavoz oficioso del sanchismo y combatiente permanente en redes sociales.

Mientras tanto, su ministerio tiene asuntos algo menos entretenidos. Renfe continúa intentando resolver retrasos de material, la expansión internacional se ha desplazado hacia Portugal después de las dificultades encontradas en Francia y la gestión ferroviaria sigue sometida a un escrutinio enorme. A eso se suma la sombra política de Adamuz, que atraviesa inevitablemente cualquier discusión sobre su trayectoria en Transportes. En el material se contrapone precisamente esa responsabilidad con la extraordinaria cantidad de tiempo y energía que Puente dedica a periodistas, tuiteros, Ayuso, el Rey y prácticamente cualquier adversario que aparezca en su timeline.

Y ahora aparece la Moncloa.

No porque Puente haya presentado formalmente candidatura alguna, sino porque hizo algo bastante peligroso en una sucesión política: dejó ver que le gustaría. Dijo que no es “ese jugador”, inmediatamente explicó que si recibe la pelota no la pasa y situó incluso el relevo después de una hipotética nueva legislatura de Sánchez. Después llegaron los titulares y la rectificación.

Dentro del PSOE, además, Puente representa una continuidad bastante fácil de entender. Fue portavoz de la Ejecutiva, alcalde de Valladolid, llegó al Gobierno después de convertirse durante la investidura de 2023 en uno de los principales arietes contra el PP y desde entonces ha ocupado un espacio político muy particular: allí donde Sánchez necesita confrontación, Puente rara vez pide que le pasen el balón dos veces.

El problema es que las sucesiones políticas suelen castigar precisamente al que enseña demasiado pronto las cartas. Errejón aprendió algo parecido frente a Pablo Iglesias; Susana Díaz creyó durante meses que controlaba el PSOE antes de encontrarse enfrente a Sánchez; y el propio Sánchez construyó buena parte de su supervivencia política aprovechando que otros lo daban por terminado demasiado pronto.

Puente insiste ahora en que no existe ningún debate sucesorio. Probablemente tenga razón.

Lo divertido es que ha sido él quien acaba de conseguir que exista.

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