[Juan Soto Ivars] (June 25, 2026) CON Cada Nuevo Escándalo EL Sanchismo DA Otra Dentellada A Nuestra Democracia
El auto de Peinado sobre Begoña Gómez ha servido al sanchismo para hacer exactamente lo
que Elisa Beni describe en “Cómo matan a mordiscos nuestra democracia”. No se trata de
discutir una resolución judicial, sino de usar la grieta para seguir condicionando el sistema.
El caso Begoña Gómez ha dado al sanchismo una oportunidad perfecta: convertir una cautelar discutible en una causa general contra el juez Peinado y, de paso, contra todo el Poder Judicial que incomoda al Gobierno.
Peinado envía a Begoña Gómez a juicio oral por tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación. También le retira el pasaporte, le prohíbe salir de España y le impone comparecencias cada quince días. La parte más débil del auto es la referencia a los escoltas policiales.
RTVE tituló que la presidenta del CGPJ proponía expedientar a Peinado por apuntar que la Policía podría ayudar a huir a Begoña Gómez. La SER habló de “valoración especulativa” e “injustificada” de Peinado sobre los escoltas, recogiendo el malestar de la Policía Nacional. El País publicó que Marlaska presentó la “más enérgica queja” ante el CGPJ por la insinuación del juez. El Plural fue más lejos y presentó a la escolta policial como la “pieza clave” del supuesto plan de fuga que Peinado habría imaginado.
El problema no es que se critique esa frase. Debe criticarse. El problema es que el Gobierno y su ecosistema usan esa frase para borrar todo lo demás: la cátedra de la Complutense, el papel de Cristina Álvarez desde Moncloa, Juan Carlos Barrabés, el software, las cartas, los correos y la apertura de juicio oral con jurado popular.
La convocatoria urgente del CGPJ es el dato institucional más grave. Marlaska pidió medidas un sábado. La presidenta del Consejo llevó el asunto a una reunión en domingo. Al día siguiente, la Comisión Permanente abrió el proceso para expedientar a Peinado, con el voto de calidad de Isabel Perelló rompiendo el empate entre vocales progresistas y conservadores. El mensaje a los jueces es evidente: una resolución puede ser recurrida ante la Audiencia Provincial, pero si afecta al Gobierno también puede convertirse en una ofensiva disciplinaria.
Por eso el libro de Elisa Beni parece casi clarividente. Su tesis no es que todos los jueces sean perfectos, sino que las democracias se deterioran cuando el poder intenta colocar a los árbitros de su parte, desbordar las instituciones y convertir los contrapesos en obstáculos. Eso es lo que se está viendo ahora: una cautelar discutible se transforma en un argumento para presionar al órgano de gobierno de los jueces.
El caso Zapatero funciona como segundo ejemplo. El expresidente ha declarado ante Calama por Plus Ultra, ha negado haber influido en el rescate de 53 millones y ha evitado aclarar del todo el origen de las joyas intervenidas en su despacho. Después, Calama citó como investigadas a sus hijas Alba y Laura Rodríguez Espinosa y a su secretaria Gertrudis Alcázar. Y ahora, con las filtraciones de mensajes y agendas, el foco mediático vuelve a desplazarse: menos Plus Ultra y más vulneración de intimidad; menos pagos, viajes, facturas y sociedades, y más filtraciones.
El País ha contado que Zapatero estudia acciones legales por la filtración de sus agendas y mensajes privados. La SER ha publicado que Calama pide investigar esas filtraciones del caso Plus Ultra. RTVE ha informado de la imputación de las hijas y la secretaria del expresidente. El Plural ha insistido en la pieza separada por las joyas, pero también ha colocado el foco en precedentes y posibles nulidades de pruebas.
Ese es el patrón. Cuando el caso afecta a Begoña Gómez, el centro pasa a ser Peinado. Cuando afecta a Zapatero, el centro pasa a ser la filtración. Cuando afecta a Ábalos, el centro pasa a ser Aldama. Cuando afecta a la UCO, el centro pasa a ser quién filtra los informes. Nunca el hecho. Siempre el árbitro, el procedimiento, el contexto, la conspiración.
Lo que Beni llama “mordiscos” a la democracia ya no ocurre en abstracto. Se ve en la presión al CGPJ, en el ataque a la acusación popular, en la sospecha permanente sobre jueces incómodos, en el intento de reforzar el papel de una Fiscalía jerárquica, en la televisión pública funcionando como marco defensivo y en la idea de que cualquier causa contra el entorno del PSOE es una operación contra la democracia.
Peinado puede haberse equivocado con las cautelares. Calama puede investigar filtraciones. La Audiencia Provincial puede corregir autos. Eso es normal en un Estado de derecho. Lo que no es normal es que el Gobierno convierta cada corrección, cada recurso y cada error procesal en una prueba de lawfare. Porque entonces la tesis ya no es defender a Begoña Gómez o a Zapatero. La tesis es que solo hay justicia legítima cuando esta no toca al poder.
Y eso no es propio de una democracia plena.
#pedrosánchez #psoe #zp #plusultra