[Juan Soto Ivars] (August 22, 2026) Tenernos Enfrentados POR Tonterías Funciona (casi) TAN Bien Como Amazon
En 2023 hablábamos del odio en redes como un problema. En 2026 ya tenemos hasta una
herramienta del Gobierno para medirlo. Así que hemos pensado que era un buen momento
para recuperar esto de Andrew Marantz y Juan. Antes de que HODIO determine que no lo es.
La charla íntegra la tenéis en el canal del Foro de la Cultura: https://youtu.be/gaGQGi9kzHU?si=KM7SdBpobni_DSNm.
En 2026 la política española vuelve a librarse en un terreno cada vez más difícil de separar: inmigración, racismo, bulos, censura y redes sociales. La crisis de Ceuta ha sido el último ejemplo. Convocatorias y rumores circularon por TikTok, Facebook y otras plataformas mientras PSOE, PP y Vox trasladaban inmediatamente el conflicto al terreno de la desinformación, el efecto llamada y la responsabilidad política. Y este mismo fin de semana Barcelona vuelve a enfrentarse al debate sobre los límites de la libertad de expresión con la manifestación de Save Europe Act, rechazada por parte de la izquierda por considerar que difunde postulados racistas.
El problema ya no es solamente qué se dice, sino quién establece qué puede decirse.
El Gobierno presentó este año HODIO, Huella del Odio y la Polarización, una herramienta destinada a medir el discurso de odio en X, TikTok, Instagram, Facebook y YouTube. Según los datos oficiales de OBERAXE, durante 2025 se identificaron más de 845.000 contenidos potencialmente vinculados al odio. El Ejecutivo pretende conocer cuánto circulan y cuánto los amplifican los algoritmos; sus críticos plantean una cuestión bastante más incómoda: quién define exactamente qué es odio y qué ocurre cuando esa definición termina condicionando lo que las plataformas permiten publicar.
La discusión es especialmente interesante porque llega después de más de una década en la que internet hizo exactamente el recorrido contrario. Las redes nacieron como una enorme promesa de libertad: cualquiera podía hablar sin pedir permiso a un periódico, una televisión o un editor. Después descubrimos que aquellas plazas públicas pertenecían realmente a empresas privadas cuyos algoritmos habían aprendido algo elemental: el conflicto retiene nuestra atención extraordinariamente bien.
De ahí salen muchas de las anomalías de nuestra conversación pública actual. Polémicas que existen antes de que haya alguien verdaderamente indignado. Activistas respondiendo preventivamente a ataques que todavía no se han producido. Partidos políticos compitiendo por colocar su interpretación moral de cada noticia. Empresas adoptando causas sociales mientras los algoritmos que sostienen su negocio premian precisamente aquello que más enfrenta a sus usuarios.
Y una palabra que aparece cada vez con mayor frecuencia: odio.
¿Dónde termina una opinión desagradable y empieza un discurso que debe ser perseguido? ¿Puede una democracia combatir la intolerancia sin convertir la discrepancia en intolerancia? ¿Las redes están radicalizando a la sociedad o simplemente nos han permitido descubrir lo radicales que ya éramos?
Por cosas como estas merece la pena recuperar esta conversación de 2023 entre Juan Soto Ivars y Andrew Marantz, periodista de The New Yorker y autor de Antisocial. Entonces muchas de estas cuestiones todavía podían discutirse como advertencias sobre el rumbo que estaba tomando internet.
Tres años después forman parte de las noticias.