[Juan Soto Ivars] (September 6, 2026) Ceuta CON Sánchez Está Fatal, Pero CON Marruecos Estaría AUN Peor

La crisis de Ceuta ha mezclado tres debates: inmigración, soberanía y convivencia. El
ministro marroquí Nizar Baraka ha insistido en que Rabat “no retrocederá ni un solo palmo de
su territorio nacional”, mientras los ceutíes siguen lejos de la normalidad y Pedro Sánchez…

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Ceuta ya no está únicamente en el centro de una crisis migratoria. Está en el centro de una discusión sobre soberanía, seguridad y sobre qué significa defender una ciudad española sin convertir esa defensa en un discurso contra sus propios vecinos musulmanes.

La discusión exige separar cuestiones que a menudo se mezclan. Marruecos puede utilizar la inmigración como instrumento de presión y, al mismo tiempo, miles de inmigrantes no tener ninguna responsabilidad en esa estrategia. Puede exigirse una frontera segura sin convertir a todo extranjero en sospechoso. Y puede defenderse la españolidad de Ceuta sin pedir una ciudad étnica o religiosamente homogénea.

Ese punto importa porque Ceuta es una de las ciudades más diversas de España. Cerca de la mitad de su población es musulmana y la convivencia entre comunidades cristiana, musulmana, judía e hindú forma parte de su identidad. Por eso resulta difícil reducir cualquier preocupación por la soberanía o la seguridad a una reacción racista. Juan Vivas ha insistido estos días en dos ideas: Marruecos debe respetar la integridad territorial española y Ceuta debe preservar su modelo de convivencia.

La propia frontera ayuda a entender lo ocurrido. En condiciones normales, cruzar desde el norte de Marruecos a Ceuta implica controles marroquíes y españoles, esperas y documentación. Que decenas de miles de personas pudieran atravesarla en apenas unas horas obliga a discutir no solo sobre inmigración, sino sobre control fronterizo, cooperación y responsabilidad política. De ahí que las críticas a Moncloa hayan llegado también desde Sumar, ERC, Bildu, PNV y Podemos, además de PP y Vox.

Tánger introduce otra dimensión histórica. Durante buena parte del siglo XX fue una ciudad internacional y cosmopolita. Musulmanes, judíos, cristianos, españoles, franceses, italianos y británicos convivieron bajo un régimen político excepcional entre 1923 y 1956. Fue puerto franco, centro comercial y refugio de escritores, espías y expatriados. Tras la independencia de Marruecos desapareció aquel estatuto internacional y Tánger quedó integrada en el Estado marroquí.

La historia de Tánger muestra hasta qué punto puede cambiar una ciudad cuando cambia el marco político y quien ejerce la soberanía. Ceuta plantea hoy una discusión mucho más concreta: cómo preservar una sociedad diversa mientras el Estado garantiza su integridad territorial y la seguridad de más de 80.000 españoles.

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