[Juan Soto Ivars] (September 5, 2026) EL Lado MÁS Personal DE Ketty Garat También Debe Asustar A Sánchez

Yo conocía a Ketty Garat cuando no era “periodista de investigación”. Hoy Moncloa la acusa
de bulos y desinformación mientras algunas de sus exclusivas terminan apareciendo en
sentencias. Nunca le había preguntado esto a Ketty y ahora entiendo mejor su carrera.

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Ketty Garat se ha convertido en una de las periodistas más incómodas para el Gobierno de Pedro Sánchez, pero su trayectoria no empezó con Koldo, Ábalos, Santos Cerdán o Leire Díez. Durante años fue cronista parlamentaria, cubrió Moncloa y el Congreso y destacó precisamente por hacer buenas preguntas cuando todavía no existía alrededor de ella la etiqueta de “periodista de investigación”. Ella insiste en esa diferencia: no se considera una especialista creada para investigar al PSOE. Se considera periodista.

La investigación llegó después, en buena medida, por obligación. Garat explica que las presiones y la campaña que sufrió tras publicar determinadas informaciones sobre el Gobierno y el PSOE terminaron empujándola a entrar en terrenos que no había trabajado antes, a buscar documentos, nuevas fuentes y pruebas con las que defender su propia credibilidad. “Yo era periodista política, cronista parlamentaria”, recuerda al explicar cómo aquella etapa acabó transformando su carrera.

Desde entonces su nombre aparece ligado a algunas de las exclusivas que más problemas han generado al sanchismo: la caída y la vida paralela de José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama; las guerras internas de Ferraz y Santos Cerdán; Carmen Pano y los 90.000 euros que asegura haber llevado a la sede del PSOE; las maniobras alrededor de Leire Díez; las relaciones de poder reconstruidas en Todos los hombres de Sánchez; y más recientemente sus informaciones sobre Moncloa, Ceuta o las vacaciones de Pedro Sánchez.

Muchas de esas historias han seguido el mismo recorrido. Primero llega la exclusiva. Después aparecen las acusaciones de sensacionalismo, fango, información interesada o directamente desinformación. Finalmente, en algunos casos, nombres y hechos terminan apareciendo también en informes de la UCO, declaraciones judiciales o sumarios.

Carmen Pano resume bien el método y también la polémica. Cuando aseguró a Garat que había llevado 90.000 euros a Ferraz, la periodista no se limitó a publicar su testimonio: exigió que dejara constancia ante notario. Después Loreto Ochando cuestionó en televisión aquel procedimiento y acusó a Garat y a THE OBJECTIVE de “fabricar” la exclusiva. La discusión terminó siendo casi una clase práctica sobre dos maneras distintas de entender el periodismo.

Garat sabe además que las fuentes tienen intereses. Ella misma ha contado que personas vinculadas al entorno de Santos Cerdán acudieron en su momento con información destinada a perjudicar a Ábalos. Una fuente puede mentir, vengarse, utilizar al periodista o intentar provocar una guerra interna. Eso no convierte automáticamente en falsa la información que entrega. Obliga a comprobarla.

Ese detalle resulta especialmente relevante ahora que el Gobierno ha colocado la “desinformación”, los bulos, la fachosfera y la denominada máquina del fango en el centro de su discurso sobre los medios. También hay periodistas como Jesús Cintora, Javier Ruiz, Sarah Santaolalla, Silvia Intxaurrondo, Antonio Maestre o Loreto Ochando que han participado, desde posiciones muy distintas, en el debate sobre qué medios informan, cuáles manipulan y dónde termina el periodismo para empezar el activismo.

Ketty representa una respuesta bastante menos teórica. Una noticia no es verdadera porque ataque al Gobierno ni falsa porque provenga de un medio crítico. Tampoco una fuente deja de servir porque tenga intereses. Hay que contrastar, documentar, publicar y después soportar que los hechos confirmen o destruyan el trabajo.

Por eso quizá la mejor pregunta de la entrevista no mira al PSOE, sino al futuro: qué hará Ketty Garat cuando tenga que investigar la corrupción de un Gobierno del PP. Su respuesta es que está deseándolo. Si el criterio depende de quién gobierna, no es periodismo. Si sirve para Ábalos, debe servir también para Feijóo, Ayuso o cualquiera que llegue a Moncloa.

En tiempos de “desinformación”, verificadores, medios militantes y gobiernos que quieren definir la calidad democrática de la prensa, la reivindicación de Ketty Garat es bastante más sencilla: hacer preguntas, buscar fuentes, conseguir pruebas y publicar aunque a quien gobierna le moleste.