[Juan Soto Ivars] (August 21, 2026) La izquierda ya no quiere cambiar el mundo: Sólo Quiere QUE LE Hagas Caso
Cuando la cultura de la cancelación te pasa por encima se aprenden muchas cosas pero no
suele haber mucha interesada en escucharlo. Cuando escribí “Nadie se va a reír” pasaba algo así. Por suerte todo acabó bien y hoy podemos escuchar y leer a Anónimo García.
Anónimo García fue condenado a prisión por una web que nunca fue lo que los medios dijeron que era. El famoso “Tour de La Manada” terminó convertido en noticia nacional, proceso judicial, condena del Tribunal Supremo y años de cancelación. Después de más de seis años de batalla judicial, el Tribunal Constitucional anuló su condena. Pero este episodio es solo el punto de partida de una conversación bastante más incómoda: ¿qué ocurre cuando una sociedad está tan convencida de estar haciendo el bien que deja de preguntarse si lo que hace es justo?
Anónimo García, fundador del colectivo Homo Velamine y autor de Contra la conciencia social, vuelve para hablar con Juan Soto Ivars sobre moral, libertad, censura, linchamientos públicos, activismo, izquierda, inmigración, medios de comunicación y esa extraña capacidad que tenemos para considerar revolucionarias ideas que también defienden gobiernos, multinacionales y grandes medios.
Su caso sirve como laboratorio. El “Tour de La Manada” nació como una performance satírica destinada, según explica García, a poner a prueba el funcionamiento de los medios. La web estuvo apenas unos días activa antes de provocar una reacción nacional. Llegó el desmentido, pero la indignación ya tenía vida propia. Meses después comenzó un procedimiento judicial que acabaría llegando hasta el Supremo. Mientras tanto, García pasó de provocador artístico a apestado público: proyectos cancelados, dificultades para financiar su defensa y años asociado a una versión de su obra que él sostiene que era exactamente la contraria de su intención.
La conversación intenta ir más allá de su caso. ¿Por qué las sociedades necesitan herejes? ¿Puede una causa moralmente buena justificar comportamientos injustos? ¿Qué ocurre cuando pertenecer al grupo resulta más importante que averiguar la verdad?
De Darwin y la moral tribal pasamos a Camus, Gramsci, Edward Bernays, André Breton y Mark Fisher para intentar reconstruir cómo nacen, crecen y mueren nuestros consensos morales. García propone su propia teoría: la “campana del poder”, un recorrido por las distintas fases que atraviesa una idea desde que pertenece a unos pocos excéntricos hasta que acaba convertida en discurso institucional y, finalmente, en una reliquia del pasado.
Hay un ejemplo especialmente revelador: las famosas “Antorchas de la Libertad” de Edward Bernays. En 1929, una operación de relaciones públicas vinculó el acto de fumar de las mujeres con su emancipación. Una industria podía vender cigarrillos mientras sus consumidoras sentían que estaban desafiando al sistema. Un siglo después la pregunta continúa siendo pertinente: ¿cuántas de nuestras rebeliones son realmente rebeldes?
Hablamos también del 15M, Podemos, feminismo, Orgullo, activismo empresarial, las guerras culturales y la transformación de la izquierda; de empresas que incorporan causas sociales a su comunicación; de polémicas que parecen existir antes incluso de que aparezca alguien verdaderamente indignado; y de algoritmos y medios que descubrieron que un conflicto moral entre dos tribus produce atención prácticamente infinita.
La actualidad migratoria y Ceuta sirve para discutir otro fenómeno: qué ocurre cuando determinados problemas económicos, culturales o de servicios públicos quedan subordinados a una discusión moral. ¿Negar un problema ayuda a combatir el racismo o puede terminar alimentándolo? ¿Dónde acaba la solidaridad y comienza la gestión política de recursos limitados?
También aparece el caso de Camilo de Ory, después de años de procedimiento judicial por sus chistes sobre Julen, como otro ejemplo de la tensión entre libertad de expresión, humor negro, moral pública y Derecho.
Porque quizá la pregunta verdaderamente difícil no sea por qué otras personas participaron en los linchamientos morales del pasado. Es mucho más sencilla:
cuando llegue el próximo, ¿nosotros dónde estaremos?