[Juan Soto Ivars] (August 25, 2026) Pedro Sánchez Lleva UN MES EN EL Ventorro

Si Pedro Sánchez y el PSOE son tan rápidos, tan precisos y tan profesionales gestionando
cada desgracia que sirve para dar una rueda de prensa, ¿cómo han tardado 25 días con
Ceuta? Puede que no supieran reaccionar o que Marruecos es menos peligroso que Rubiales.

Pedro Sánchez ha convocado hoy, 25 de agosto, al Consejo de Seguridad Nacional para abordar la crisis de Ceuta. Han pasado casi cuatro semanas desde la entrada masiva de finales de julio. El Gobierno anuncia ahora un mando único dirigido por Ángel Víctor Torres, refuerzos económicos y nuevas medidas de coordinación mientras siguen miles de personas en la ciudad, la acogida de menores continúa desbordada y los empresarios ceutíes calculan pérdidas de entre 20 y 30 millones de euros. UNICEF también ha criticado este martes la tardanza en identificar y proteger a miles de menores.

El contraste permite hacer una pregunta bastante sencilla: ¿cuándo considera el Gobierno que algo exige una respuesta inmediata?

Con Ceuta ha necesitado casi un mes para asumir una estructura de mando único que Juan Jesús Vivas llevaba semanas reclamando. Incluso dentro del Ejecutivo siguen apareciendo versiones diferentes sobre lo ocurrido: Margarita Robles asegura que el CNI avisó verbalmente el 29 de julio de la convocatoria migratoria que precedió a la entrada masiva; Fernando Grande-Marlaska sostiene que no hubo una alerta formal que permitiera anticiparla.

La misma Moncloa ha demostrado otras veces que puede moverse bastante más rápido.

Cuando Luis Rubiales besó a Jenni Hermoso después de la final del Mundial de 2023, Sánchez calificó públicamente el gesto de “inaceptable” apenas dos días después y consideró insuficientes sus disculpas. Yolanda Díaz pidió directamente su dimisión. Cuando se viralizaron los cánticos machistas del Colegio Mayor Elías Ahúja en 2022, Sánchez, Irene Montero y buena parte del Gobierno reaccionaron inmediatamente y la Fiscalía abrió diligencias; la investigación terminaría siendo archivada al no apreciarse delito.

También hubo reacción inmediata ante las ecografías 4D anunciadas por Vox en Castilla y León, ante determinados mensajes de gobiernos extranjeros, ante polémicas culturales o ante ataques simbólicos al PSOE. La velocidad administrativa parece aumentar considerablemente cuando el acontecimiento encaja bien dentro de una batalla política reconocible. Eso es precisamente lo que se contrapone con Ceuta.
Y el repertorio reciente permite añadir otro ejemplo incómodo. Tras la primera carta de Pedro Sánchez por la investigación de Begoña Gómez, el caso Leire Díez ha permitido reconstruir contactos que afectaban a fiscales anticorrupción, miembros de la UCO, periodistas y causas judiciales. En el material analizado se contrapone irónicamente esa capacidad de reacción con las semanas transcurridas antes de convertir Ceuta en un asunto de Seguridad Nacional.

La cuestión no consiste en afirmar que Rubiales, unos cánticos machistas o una agresión no merezcan respuesta. Consiste en comparar prioridades.

Porque Ceuta no es una polémica de Twitter. Es una frontera exterior de la Unión Europea, una ciudad española de unos 85.000 habitantes y una crisis que mezcla seguridad, inmigración, menores, economía, relaciones con Marruecos y soberanía. El propio Gobierno reconoce finalmente la dimensión del problema al activar instrumentos de Seguridad Nacional y colocar al CNI dentro de la nueva estructura de coordinación.

Mientras tanto, el Ejecutivo también ha demostrado una extraordinaria rapidez para entrar en debates sobre Israel, el machismo, la extrema derecha, muñecos de Sánchez o determinadas campañas mediáticas. La ironía está precisamente ahí: el Gobierno español no parece tener ningún problema de reflejos. Lo difícil es averiguar qué acontecimientos activan esos reflejos y cuáles pueden esperar veinticinco días.

Ceuta ha terminado llegando al Consejo de Seguridad Nacional.

Urgentemente.

Casi un mes después.