[Juan Soto Ivars] (June 22, 2026) 24 Años A Ábalos Y 19 A Koldo: EL Supremo Mata AL Sanchismo (y premia al chivato)
Ni las presiones de la Fiscalía General, ni la presión mediática y administrativa contra la judicatura
han evitado que la Sala Segunda del Tribunal Supremo emita una sentencia histórica que condena
al sanchismo y premia a Aldama. Porque como dijo Luzón, sin confidentes la mafia es invisible.
El Tribunal Supremo ha condenado a José Luis Ábalos a 24 años y tres meses de cárcel, a Koldo García a 19 años y ocho meses y a Víctor de Aldama a cuatro años y medio por el caso de las mascarillas. No es una pieza menor: es la primera gran sentencia penal contra el primer ministro de Transportes de Pedro Sánchez, el hombre que fue secretario de Organización del PSOE y uno de los rostros centrales de la moción de censura que prometía regeneración frente a la corrupción.
La sentencia da por probado el amaño en contratos públicos durante la pandemia, los pagos, las comisiones, los favores y la estructura criminal alrededor del Ministerio de Transportes. Ábalos no cae por un exceso verbal, por una filtración interesada ni por una sospecha de tertulia. Cae por una resolución firme del Tribunal Supremo, con delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Koldo García, su asesor de confianza, recibe 19 años y ocho meses. Y Aldama, el empresario que colaboró con la justicia, queda condenado a cuatro años y medio, pero evita entrar en prisión por la atenuante muy cualificada de colaboración.
Ese es el dato político más importante de la sentencia. Aldama no sale absuelto, no queda limpio, no se convierte en héroe. Sigue siendo parte de la trama. Pero el Supremo premia su colaboración porque permitió avanzar en el descubrimiento de los delitos. La justicia acaba de enviar un mensaje a todos los satélites de las causas del PSOE: quien hable puede salvarse; quien calle puede hundirse con el barco.
Julio Martínez, Gertrudis Alcázar, Leire Díez y cualquiera que conozca por dentro las piezas de Plus Ultra, Zapatero, Ferraz, la UCO, Santos Cerdán, Ábalos, Koldo o las maniobras contra investigadores ya han visto el camino. Aldama marca la ruta del arrepentido.
La rebaja a Aldama es justo lo que más irrita a la sincronizada. En TVE, Javier Ruiz y Sarah Santaolalla colocan el foco en que el “corruptor” no entre en prisión, en los trabajos en beneficio de la comunidad, en la imagen de una justicia que castiga al político y perdona al empresario. Pero el punto jurídico es otro: sin delatores, las organizaciones criminales se blindan; con delatores, la ley del silencio se rompe. Alejandro Luzón lo explicó con claridad en el juicio: si se quiere combatir la corrupción organizada, hay que recompensar a quienes salen de ese entorno y lo denuncian.
La escena es casi perfecta para entender el momento político. Por la mañana, el PSOE y sus altavoces están concentrados en Peinado, Begoña Gómez, el pasaporte, HazteOír, el lawfare y la supuesta ofensiva judicial contra Pedro Sánchez. Y de pronto aparece el Tribunal Supremo con una sentencia de 224 páginas que condena a 24 años al exministro de Sánchez, da por probada la trama de las mascarillas y convierte a Aldama en ejemplo práctico de colaboración con la justicia.
El problema del PSOE ya no es el ruido. Es la acumulación. Begoña Gómez enviada a juicio por Peinado, Zapatero investigado por Calama en el caso Plus Ultra, las hijas de Zapatero imputadas, Gertrudis Alcázar también, Leire Díez señalada por maniobras contra la UCO, Santos Cerdán arrastrado por el caso Koldo, Ábalos condenado por el Supremo y Koldo García con una pena de casi 20 años. Cada causa tiene su juez, su sumario, sus pruebas y sus tiempos, pero todas componen el mismo paisaje: un poder que llegó prometiendo limpieza y acaba rodeado de condenas, imputaciones, chivatos y medidas cautelares.
La sentencia también explica por qué el Gobierno lleva meses intentando controlar, desacreditar o presionar a jueces, fiscales, Guardia Civil y UCO. Si la justicia avanza, el relato se rompe. Si Aldama colabora y no entra en prisión, otros pueden imitarlo.
Ábalos simboliza el derrumbe moral del sanchismo porque no era un personaje marginal. Fue ministro, secretario de Organización, hombre fuerte del PSOE, ejecutor político de Sánchez y protagonista de la etapa que prometía acabar con la corrupción. Ahora acumula 24 años y tres meses de condena por la compra de mascarillas durante la pandemia. La regeneración terminó en contratos amañados, comisiones, pisos, favores y un empresario arrepentido que ya sabe que la justicia recompensa al que canta.
La sentencia de Ábalos no cierra el caso Koldo. Lo abre hacia los demás. La pregunta ya no es solo cuántos años cumplirá Ábalos, sino quién será el siguiente Aldama.
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