[Juan Soto Ivars] (octubre 25, 2026) Detrás DE Esta Violencia EN LAS Calles HAY Auténticos Profesionales

¿Está regresando la violencia política a las calles de España? ¿Qué relación hay entre los
enfrentamientos de Barcelona, la acampada de la Puerta del Sol y los disturbios de Francia? ¿Estamos ante una nueva generación de activistas radicales profesionales y organizados?

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Los últimos episodios de tensión en Barcelona y Madrid han devuelto al debate público una cuestión incómoda: dónde termina el derecho a la protesta y dónde empieza la intimidación política. Las imágenes de enfrentamientos, los escraches, las movilizaciones antifascistas y los grupos que reivindican una revolución socialista plantean preguntas sobre quién está detrás de estas organizaciones, cómo se coordinan y qué pretenden conseguir.

Roberto Vaquero, dirigente del Frente Obrero, conoce de primera mano el mundo de la militancia radical. Su trayectoria comienza en organizaciones comunistas, movimientos antifascistas y enfrentamientos callejeros con grupos de extrema derecha. Una experiencia que le permite explicar cómo funcionaban aquellas redes, por qué se fragmentaron y qué ha cambiado con la aparición de nuevas organizaciones juveniles.

Uno de los asuntos centrales es la transformación del movimiento antifascista español. Vaquero sitúa el foco en organizaciones como Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), vinculada al Movimiento Socialista, y en la expansión de sus estructuras fuera del País Vasco. También aborda su relación histórica con otros espacios de la izquierda abertzale, las disputas internas del activismo radical y las acusaciones sobre sus mecanismos de financiación.

La acampada de la Puerta del Sol aparece como uno de los ejemplos de esta nueva movilización. Lo que comenzó como una protesta por el acceso a la vivienda ha incorporado reivindicaciones revolucionarias y organizaciones con proyectos políticos diferentes. ¿Qué quieren realmente los grupos que hablan de insurrección socialista? ¿Existe una estrategia detrás de sus consignas? ¿Y hasta qué punto representan a quienes simplemente reclaman poder pagar un alquiler?

El debate se extiende a Francia, donde los disturbios, los incendios, los saqueos y los ataques contra edificios públicos han provocado una discusión sobre los límites de la protesta y la respuesta policial. También a Italia, donde las tensiones entre organizaciones radicales muestran que el fenómeno no se limita a un solo país.

Pero comparar todos estos episodios exige distinguir situaciones muy diferentes. Una manifestación pacífica no equivale a un saqueo. Un escrache no es necesariamente una agresión física. Y una pelea entre militantes tampoco puede describirse automáticamente como terrorismo. La cuestión es si la sociedad española está aprendiendo a reconocer esas diferencias o si cada bloque político aplica una definición distinta de violencia según quién la ejerza.

Vaquero recuerda las peleas entre ultras de los años noventa y dos mil, los enfrentamientos entre grupos antifascistas y neonazis, y las organizaciones que surgieron alrededor de aquellos conflictos. También sostiene que España se ha vuelto menos violenta con el paso de las generaciones, aunque determinados sectores militantes sigan utilizando la confrontación como parte de su identidad política.

Los escraches a Isabel Díaz Ayuso, las protestas frente a la vivienda de Pablo Iglesias, las acciones de Revuelta y los actos contra dirigentes de distintas ideologías permiten examinar esa doble vara de medir. ¿Es legítimo intentar impedir que un adversario político intervenga en público? ¿Cambia nuestra opinión cuando el acosado pertenece al partido que detestamos?

Cuál es el futuro de la izquierda radical, qué relación une antifascismo e independentismo, o el papel de Podemos y de EH Bildu. El auge de discursos revolucionarios y el temor de puedan surgir nuevas organizaciones dispuestas a recurrir a la violencia política pues parece que también.

Barcelona, la Puerta del Sol, Francia e Italia sirven así para plantear una cuestión de fondo: ¿estamos asistiendo al nacimiento de una nueva izquierda radical europea o estamos interpretando episodios distintos como si fueran una sola amenaza? Y, sobre todo, ¿qué ocurrirá cuando la próxima gran confrontación política salga de las redes sociales y vuelva a disputarse en la calle?