[Juan Soto Ivars] (October 2, 2026) Villarroya Humilla a la Portavoz del Sindicato de Iinquilinas en TVE

José Miguel Villarroya y Valeria Racu protagonizaron en TVE uno de esos choques
que explican mejor una época que muchas tertulias enteras. Un comunista de vieja
escuela frente a la cara más visible del Sindicato de Inquilinas del 15 Meme.

Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, plantea una idea que su organización lleva meses repitiendo: la vivienda debe servir para vivir y no para especular. El sindicato reclama contratos más largos, limitaciones a los alquileres temporales y por habitaciones, protección frente a determinados desahucios y medidas que reduzcan el peso del rentismo. En plena acampada de la Puerta del Sol, la organización ya habla incluso de avanzar hacia una huelga general si las medidas aprobadas por el Gobierno decaen en el Congreso.

Villarroya no discute precisamente desde una posición liberal. Su reproche va en dirección contraria: considera incoherente intentar sacar únicamente la vivienda de la especulación sin cuestionar el sistema económico que permite obtener beneficios con prácticamente cualquier bien. Recurre a Engels, Marx y Lenin para sostener que el capital no desaparece cuando se limita un mercado, sino que busca rentabilidad en otro.

De ahí sale una de las escenas más extrañas de toda la discusión. Racu sostiene que, si alguien quiere hacer dinero, puede hacerlo con libros, rosas o cualquier otra mercancía, pero no con las casas. Villarroya responde que, siguiendo esa lógica, el capital desplazado hacia otros sectores terminaría encareciendo precisamente esos libros. La disputa llega al extremo de imaginar unas obras completas de Lenin tres veces más caras para financiar una política de vivienda.

No es un debate entre derecha e izquierda. Es una pelea dentro de la propia izquierda sobre qué significa exactamente desmercantilizar un bien esencial.

Racu intenta reconducir varias veces la discusión hacia los puntos en los que ambos coinciden. Villarroya se niega. Cuando ella insiste en que están diciendo cosas parecidas y pide “escucha activa”, él vuelve a marcar la distancia doctrinal: no considera suficiente combatir la especulación inmobiliaria si no se combate la especulación como principio general del capitalismo.

El resultado es también un choque generacional. Villarroya representa una tradición comunista que continúa hablando de sistema económico, clase y propiedad con las categorías de la izquierda del siglo XX. Racu pertenece a una generación de activismo construida alrededor de conflictos concretos: alquileres, desahucios, pisos turísticos, fondos de inversión y organización de inquilinos.

La actualidad hace todavía más llamativo el enfrentamiento. El Sindicato de Inquilinas lidera buena parte de la movilización surgida alrededor del caso de Maricarmen y mantiene una presencia central en la acampada de Sol. La protesta ya reúne distintas corrientes que ni siquiera comparten la misma estrategia: algunas presionan para aprobar los decretos del Gobierno, otras los consideran insuficientes y determinados colectivos rechazan directamente que el conflicto de la vivienda pueda resolverse mediante la vía parlamentaria.

Ese desacuerdo también llega al Congreso. Junts ha anunciado su rechazo a los decretos de vivienda, mientras el Sindicato de Inquilinas aumenta la presión sobre los diputados y mantiene movilizaciones en distintas ciudades. Más de 275.000 correos habían sido enviados ya a parlamentarios mediante una campaña destinada a reclamar su aprobación.

Y en medio de esa crisis, Televisión Española coloca frente a frente a Villarroya y Racu.

La escena acaba teniendo algo de cisma doméstico. Dos personas que podrían compartir adversarios políticos terminan discutiendo sobre quién entiende correctamente el capitalismo, qué significa realmente especular y hasta dónde debe llegar una política de vivienda. Cuando empiezan a llamarse “compañero”, la distancia entre ambos ya es bastante mayor que al principio.

La crisis de la vivienda continúa sin resolverse. Pero durante unos minutos deja una fotografía bastante precisa de la izquierda española actual: quienes quieren intervenir un mercado concreto y quienes siguen pensando que el problema empieza mucho antes, en el propio mercado.