[Juan Soto Ivars] (May 15, 2026) Soto Ivars: Rufián Y Giró Demuestran QUE LA Prensa (sanchista) Puede Caer AUN MÁS Bajo
Marc Giró convirtió Cara al Show en algo más que propaganda: sueños eróticos, bromas físicas,
profesiones imaginarias para Ayuso y Pedro Sánchez… Todo con un Rufián encantado de que de
política se hablara poco. El concepto entrevista masaje se queda corto. El sanchismo es esto.
Gabriel Rufián pasó por Cara al Show de Marc Giró en laSexta y dejó una de esas escenas que explican mejor que mil editoriales cómo funciona ya una parte del ecosistema mediático español. No fue una entrevista política al uso, lo que hubo fue otra cosa: complicidad, bromita, tensión juguetona, sueños eróticos, “nos sobamos mogollón” y un tono de confianza que, puesto en boca de otros y con otros apellidos, habría incendiado media España.
Rufián apareció como aparece ya mucha política convertida en producto. Un diputado en activo tratado como celebrity simpática, como invitado de confianza, como figura pop antes que como representante público.
Y Marc Giró jugó a eso sin disimulo. El programa lo envolvió todo en humor, en pluma, en show, en guiño, en doble sentido. Pero debajo del confeti seguía habiendo una pregunta bastante simple: qué pasa cuando un político deja de ser entrevistado y empieza a ser arropado.
El momento más comentado fue el del sueño erótico con el jersey. Y todo así, medio flirteo, medio performance, medio cosa que si la haces con otro color político te abre especiales en televisión española, columnas en la SER y un festival de escándalo en redes durante tres días.
También hubo juego para repartir oficios imaginarios a políticos: Ayuso tirando cañas, Pedro Sánchez como actor de novela turca, Figaredo recogiendo tomates, Mazón en un módulo carcelario. O sea, el menú completo. La política convertida en juguete de plató.
l corte listo para Twitter, TikTok, BlueSky y el grupito de WhatsApp donde ya nadie distingue entre información, propaganda, fanatismo y entretenimiento de sobremesa.
Ya no basta con salir en pantalla. Hay que salir bien tocado de luz. Con relato. Con cariño. Con aura. Como si el periodismo hubiera decidido que su función no es pinchar al poder amigo, sino ponerle música.
La prensa sanchista es esto: periodismo de afinidad, con el presentador que no entrevista sino que abraza. TVE, laSexta, la SER, los rostros satélite, los perfiles de redes, el comentario en bloque, la opinión sincronizada… Se fabrica una cercanía política artificial para que una parte de la audiencia ya no consume dirigentes, sino personajes. Ya no se les exige. Se les sigue. Se les celebra. Se les perdona todo si resultan graciosos, guapos, virales o útiles para el bando correcto.