[Juan Soto Ivars] (March 29, 2026) Soto Ivars: Vota Izquierda Coherente, Vota Mónica Oltra

Compromís ha propuesto a Mónica Oltra como candidata a la alcadía de Valencia y ella ha
aceptado el reto. Le han abierto juicio oral por encubrir, desde su consejería, a su ex-marido, pero
la víctima es ella, los jueces son fachas, Ábalos es feminista y para Errejón no hay denuncias falsas

Mónica Oltra ha vuelto al primer plano político y no precisamente de puntillas. La exvicepresidenta valenciana anunció el 28 de marzo de 2026 su intención de competir por la alcaldía de Valencia en 2027, un movimiento que llevaba semanas flotando en el ambiente y que ya es oficial. El problema para Compromís es que ese regreso no llega en un momento cualquiera: llega con una causa judicial abierta por el presunto encubrimiento de los abusos cometidos por su exmarido contra una chica tutelada.

La escena política valenciana llevaba tiempo mascando esta posibilidad. De hecho, ya en febrero varias informaciones apuntaban a que Compromís estaba midiendo el tirón electoral de una posible candidatura de Oltra a la alcaldía. El anuncio, por tanto, no ha pillado a nadie exactamente por sorpresa, pero sí ha vuelto a poner encima de la mesa ese juicio pendiente y una herida que en la Comunidad Valenciana nunca terminó de cerrarse.

En lo judicial, la situación es clara: el Juzgado de Instrucción número 15 de València abrió juicio oral en marzo de 2026 contra Oltra y otras doce personas por la gestión realizada desde su conselleria en relación con el caso. La Audiencia de Valencia ordenó esa apertura de juicio oral pese a que la causa había sido archivada anteriormente y pese al criterio previo del instructor. Es decir, no hay condena contra Oltra, pero sí un proceso penal abierto que la sentará en el banquillo si no hay cambios de última hora.

Lo acreditado es que el exmarido de Oltra fue condenado y que la causa contra la exdirigente gira alrededor de cómo actuó la administración autonómica ante esos hechos. Lo que ahora debe determinar la justicia no es el delito ya juzgado del agresor, sino si hubo encubrimiento, omisiones o actuaciones irregulares por parte de quienes tenían responsabilidad política o administrativa.

Para sus apoyos, Oltra vuelve como una dirigente con tirón electoral que denuncia haber sido víctima de una persecución política y judicial. Para sus críticos, el retorno resulta casi inasumible mientras sigue abierto un juicio ligado a uno de los casos más graves y simbólicos de la política valenciana reciente.

Pero el asunto no se queda en Oltra. El sistema de protección de menores en España arrastra problemas muy serios cuando se trata de prevenir delitos.

RTVE habló ya en 2025 de una “realidad perversa” al analizar cómo los agresores y sus redes se aprovechan de la vulnerabilidad emocional y social de muchos tutelados ingresados.

Por eso el regreso de Mónica Oltra no se lee solo como una noticia de partido o una maniobra electoral. También reactiva una conversación incómoda : qué está fallando en los centros de menores, quién asume responsabilidades cuando algo revienta y por qué cada cierto tiempo vuelven a salir casos que dejan la misma sensación de agujero negro.

Oltra fue durante años uno de los rostros más potentes de la izquierda valenciana y una figura con capacidad real para movilizar voto y marcar agenda. Su vuelta puede darle oxígeno a Compromís de cara a 2027, pero la jugada tiene algo de apuesta a todo o nada.

Si Oltra consigue que una parte del electorado compre el relato de la persecución, el lawfare y el fango puede volver a ser un activo brutal para la izquierda valenciana. Si pesa más la idea de que una dirigente procesada por un caso tan sensible su candidatura puede convertirse en una losa.