[Juan Soto Ivars] (June 26, 2026) Diputada DE MÁS Madrid Defiende EN TV QUE EL Jefe DE Ábalos Merece Seguir
Ser socio del Gobierno o del PSOE de Sánchez y salir en televisión a tratar de explicarnos
por qué están manteniendo la legislatura tiene que ser duro. El otro día en Espejo, con la
diputada de Mas Madrid, Marta Carmona, lo vimos claro. Aquí el malo es Aldama y circulen.
El exministro de Transportes de Pedro Sánchez, exsecretario de Organización del PSOE y figura clave del primer sanchismo ha sido condenado por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. La sentencia da por probado el cobro de mordidas en contratos de mascarillas durante la pandemia y sitúa a Ábalos y Koldo en el centro de una trama que operaba desde un ministerio del Gobierno.
Frente a esto hay mucha gente insistiendo en que sólo miremos hacia Aldama. Estamos viendo como el entorno político y mediático del Gobierno ha colocado el debate en si el empresario ha recibido un premio excesivo, si ha mentido, si se queda con dinero público o si su colaboración beneficia a la derecha.
El otro día en Espejo Público, Marta Carmona, diputada de Más Madrid, habló de condena clara de la corrupción, pero fundamentalmente (y para sorpresa de nadie) puso el en que la sentencia lanza un mensaje peligroso a los corruptores si colaborar permite evitar la cárcel.
Ese debate existe y tiene sentido jurídico. La colaboración con la justicia debe ser útil, proporcional y verificable. Pero una vez más se usa como cortina de humo para desplazar lo esencial: Ábalos no era un comisionista externo, ni un empresario de paso, ni un personaje ajeno al poder. Era ministro, secretario de Organización del PSOE y uno de los hombres más importantes de Pedro Sánchez.
El caso abre además una cuestión práctica para otras investigaciones. Aldama no queda limpio, pero su situación marca una ruta: colaborar puede reducir mucho el coste penal. Ese mensaje puede llegar a otros nombres que aparecen en causas abiertas o pendientes de desarrollo: Julio Martínez, Gertrudis Alcázar, Leire Díez, piezas del caso Plus Ultra, el entorno de Zapatero, las investigaciones sobre Santos Cerdán o vaya usted a saber con qué nos sorprende la UCO.
La diferencia entre arrepentimiento moral y utilidad procesal es importante. La justicia no premia a Aldama porque sea mejor persona, sino porque su colaboración ha servido para descubrir delitos y romper silencios. En las tramas de corrupción, ese incentivo puede ser decisivo: quien sabe cómo funcionaba la red puede elegir entre callar por lealtad o hablar para salvarse.
El presidente mismo puede condenar los hechos, apartar a los condenados y repetir que el PSOE no aparece formalmente condenado como partido, pero su posible implicación o su conocimiento sobre las tramas no desaparece. Ábalos fue uno de los principales artífices del sanchismo, Koldo fue su hombre de confianza y la sentencia afecta directamente a una etapa central de la carrera de Pedro ” The One” Sánchez.
Lógicamente los socios del PSOE también quedan atrapados en esa contradicción de tal manera que verles explicarse llega casi a la comedia. Pueden denunciar la corrupción, pueden señalar a Ábalos y Koldo, pueden cuestionar el trato a Aldama, pero siguen sosteniendo al mismo Gobierno que intenta cerrar la crisis como si fuera un asunto individual. O sea, ¿cuánto tiempo puede mantenerse la idea de que cada caso es aislado cuando los nombres se acumulan alrededor del mismo lugar?
Ábalos recurrirá y sostiene desde prisión que el juicio fue político y la sentencia estaba predeterminada. Pero el Tribunal Supremo ha fijado ya una primera respuesta penal al caso mascarillas. No es una imputación, no es una filtración, no es una tertulia: es una sentencia.
Y su efecto puede ir más allá de Ábalos, Koldo y Aldama si otros investigados concluyen que colaborar sale mejor que seguir callando.
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