[Juan Soto Ivars] (July 3, 2026) Soto Ivars: Monedero Está Sufriendo EL 0’01% DEL Drama QUE Ayudó A Crear
La noticia de Monedero que comentamos hoy es un gran ejemplo para medir el nivel de
neurosis que nos hemos dado para todo lo relacionado con las relaciones hombre mujer.
Con ver el titular y lo que luego se cuenta se ve claro. Juan Carlos, esto es creación vuestra.
Juan Carlos Monedero ha sido suspendido durante un año de sus funciones como profesor en la Universidad Complutense por una falta muy grave de acoso a varias alumnas. La universidad abrió el expediente en febrero de 2025, aplicó seis meses de suspensión cautelar y ahora da por acreditadas conductas impropias dentro del aula. Entre los episodios publicados aparecen comentarios como decirle a una alumna que tenía “cara de z*rra” o llamar “vacas lecheras” a quienes querían ser madres.
La Fiscalía no vio delito. Ese dato es importante porque desmonta el automatismo del titular más duro. No hay condena penal ni expulsión de la universidad. Hay una sanción administrativa por una falta muy grave dentro del protocolo universitario. Monedero lo niega, ha recurrido ante los tribunales y denuncia un procedimiento “plagado de vulneraciones de derechos y garantías fundamentales”. La frase podría haberla firmado cualquiera de los acusados a los que Podemos llevaba años respondiendo con consignas mucho más simples.
La noticia tiene fuerza porque no afecta a un profesor anónimo, sino a uno de los fundadores de Podemos. Monedero pertenece al espacio político que más insistió en que las mujeres debían ser creídas, que poner el foco en las garantías era sospechoso y que hablar de denuncias falsas formaba parte del argumentario reaccionario. Ahora, cuando el señalado es él, la defensa cambia de idioma: presunción de inocencia, proceso contaminado, utilización política, denuncia instrumental, falta de delito, derecho a defenderse.
Esa contradicción no convierte automáticamente a Monedero en culpable penal. Precisamente ahí está el punto. Durante años se ha construido un clima en el que la acusación ya bastaba para arrasar una reputación. Se mezclaron planos distintos: delito, conducta impropia, comentario soez, abuso de poder, torpeza, seducción incómoda O acoso, violencia sexual. Todo empezó a entrar en la misma caja moral. El caso Monedero enseña los efectos de esa caja cuando la tapa cae sobre uno de sus fabricantes.
Podemos ya había recibido en 2023 dos testimonios de violencia sexual contra Monedero y sostuvo después que lo apartó de la actividad del partido. El propio Monedero afirmó entonces que llevaba años sufriendo denuncias falsas y rumores contra él. El cambio de criterio es evidente. Cuando el problema está fuera, la denuncia es verdad política. Cuando el problema está dentro, aparece la necesidad de matizar, proteger datos, revisar plazos, mirar quién denuncia y comprobar si hay intereses detrás.
El expediente de la Complutense tampoco ayuda a ordenar el debate público. Si los hechos son tan graves como para hablar de acoso a varias alumnas, sorprende que la sanción sea solo de un año y no implique expulsión. Si la Fiscalía no ve delito, sorprende que muchos titulares hayan funcionado como una sentencia. Si las conductas son comentarios soeces y despectivos, conviene decirlo con precisión. Y si hay una relación de poder profesor-alumna, también conviene no minimizarla. El problema de fondo es que el lenguaje político ha triturado las diferencias.
La izquierda morada convirtió las relaciones entre hombre y mujer en un territorio donde la duda era casi una agresión añadida. Esa lógica terminó dañando a hombres acusados sin pruebas suficientes, pero también a mujeres víctimas de verdad, obligadas a competir en un sistema saturado de categorías infladas. Si todo es violencia, nada lo es. Si todo es acoso, cuesta distinguir entre un profesor impresentable, un comentario machista, un abuso de autoridad y un delito.
Monedero no es una víctima perfecta de ese sistema. Es uno de sus beneficiarios políticos y uno de sus divulgadores. Por eso el caso tiene una ironía difícil de esquivar: el mismo entorno que enseñó a España a desconfiar de las garantías cuando hablaban los acusados ahora necesita esas garantías para salvar a uno de los suyos. Y hace bien en necesitarlas. Lo que falta es reconocer que también las necesitaban los demás.