[Juan Soto Ivars] (August 4, 2026) Ceuta FUE UN Aviso Y EL Gobierno Confirmó A Marruecos QUE España NO Responde

A raíz del episodio vivido en Ceua con la entrada de más de 50.000 personas en un único día
se ha hablado mucho la famosa zona gris o guerra híbrida. Y para hablar de esto y tratar de
entender la situación entre Marruecos y España hablamos con Jesús M. Triana Pérez.

Lo ocurrido en Ceuta los días 29 y 30 de julio no encaja bien en la imagen de una llegada migratoria espontánea. Para Jesús Manuel Pérez Triana, analista de seguridad y especialista en amenazas híbridas, fue una acción deliberada de Marruecos: levantar temporalmente la protección de la frontera, permitir que circulara el rumor de que había vía libre y utilizar a miles de civiles para enviar un mensaje político a España sin cruzar formalmente el umbral de una agresión militar.

Ese territorio intermedio entre la paz y la guerra se conoce como “zona gris”. Son acciones hostiles diseñadas para causar daño, obtener concesiones y mantener al responsable protegido por la ambigüedad. Marruecos puede negar cualquier participación directa y presentar lo ocurrido como una decisión espontánea de ciudadanos marroquíes. España, aunque sospeche que existe una orden detrás, no puede responder como si hubiera sufrido una invasión militar convencional.

La fecha y el contexto importan. La presión fronteriza aumentó después del viaje de Pedro Sánchez a Argelia para recomponer las relaciones y firmar acuerdos energéticos. Marruecos considera a Argelia su principal rival regional y ya ha reaccionado en otras ocasiones utilizando la frontera española. En mayo de 2021, tras conocerse que España había acogido al líder del Frente Polisario, miles de personas entraron en Ceuta mientras las fuerzas marroquíes reducían el control.

El método recuerda a la Marcha Verde. Marruecos evita enfrentar directamente a sus tropas con las españolas y sitúa a civiles por delante. Si España responde con violencia, pierde legitimidad internacional. Si no actúa, demuestra debilidad. La operación se mantiene por debajo de la guerra abierta, pero obliga al adversario a asumir el coste humano, político y económico.

Pérez Triana sostiene que esta vez Marruecos pudo calcular mal. La instrumentalización de la inmigración irregular genera cada vez más rechazo en Europa, donde países como Polonia, Finlandia o Dinamarca consideran estas maniobras una amenaza a la seguridad. Las imágenes de gendarmes marroquíes dejando avanzar a la población, civiles muertos y equipos españoles rescatando personas perjudican el relato de Rabat más que el de Madrid.

La cuestión no es únicamente cómo cerrar una brecha. El objetivo de una estrategia de zona gris es mover la frontera política poco a poco: provocar una crisis, ofrecer después cooperación y exigir algo a cambio. Es la llamada estrategia del salami. No se intenta conquistar Ceuta de una vez, sino arrancar concesiones sucesivas sobre el Sáhara Occidental, las aduanas, la financiación del control migratorio o el papel de Marruecos en el Mundial de fútbol.

Después de la crisis de 2021, Sánchez modificó la posición española sobre el Sáhara y aceptó la propuesta marroquí de autonomía como la opción más seria. Marruecos prometió normalizar la relación, reabrir las aduanas de Ceuta y Melilla y reducir la presión fronteriza. Parte de esos compromisos no se ha cumplido, pero Rabat conserva la capacidad de volver a utilizar la inmigración cuando quiere recordar a España quién controla la frontera.

La entrevista aborda también Pegasus. El espionaje a los teléfonos de Sánchez y Marlaska es real, pero no existe una prueba pública de que Marruecos utilice la información obtenida para chantajear al Gobierno.

La desaparición del sistema OCON Sur contra el narcotráfico plantea preguntas parecidas. Frenar completamente el tráfico de hachís afectaría a miles de familias del norte de Marruecos y podría desestabilizar una región de la que depende la monarquía. España parece aceptar el narcotráfico como un mal menor para evitar una crisis mayor, aunque el resultado sea el crecimiento de redes capaces de corromper policías, funcionarios y jueces en territorio español.

Mientras Marruecos compra helicópteros Apache, misiles, artillería y construye grandes infraestructuras, España continúa financiando parte de su vigilancia fronteriza. Rabat presume de modernización industrial y, al mismo tiempo, reclama ayuda porque no dispone de recursos para controlar sus costas. Para Pérez Triana, esa contradicción refleja una relación de sumisión: Marruecos conoce las debilidades españolas y España evita incluso identificarlo como una amenaza en sus documentos estratégicos.

La zona gris funciona cuando alguien actúa y el otro permanece paralizado. Marruecos empuja, España concede y la frontera vuelve a moverse. La pregunta no es solo qué pasó en Ceuta. Es qué pedirá Rabat a cambio de no repetirlo.

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