[Juan Soto Ivars] (October 4, 2026) Francia es un Spoiler de lo que Está POR Llegar Aquí Pronto

¿Está Francia entrando en una espiral de violencia política difícil de contener? ¿Mélenchon usa el caos como una estrategia electoral frente a Le Pen? ¿Y si lo que ocurre en Francia es
simplemente el adelanto de lo que veremos proto en España? Con ustedes, Alejo Schapire.

Francia lleva días viendo cómo una protesta estudiantil se transforma en disturbios, incendios, agresiones y cierres de institutos por todo el país. El movimiento comenzó reclamando más profesores, mejores instalaciones y cambios en el acceso a la universidad, pero la violencia ha ido mucho más lejos: edificios quemados, ataques contra personal educativo, policías y bomberos, saqueos y miles de detenidos. El Gobierno francés habla ya de “violencias urbanas”. El viernes hubo 1.747 arrestos y el Ministerio del Interior elevó a más de 5.000 las detenciones acumuladas desde el lunes. Cerca de 400 institutos permanecieron cerrados y las protestas continuarán la próxima semana.

Alejo Schapire, escritor argentino residente en París y autor de El secuestro de Occidente, lleva años siguiendo una fractura política y cultural que ahora vuelve a aparecer en las calles. Su lectura conecta las protestas estudiantiles con la radicalización de una parte de la izquierda francesa, el crecimiento de Jean-Luc Mélenchon y La France Insoumise, el conflicto palestino, la inmigración, el islam político y el fracaso del modelo francés de integración.

El Gobierno de Sébastien Lecornu ha acusado a LFI y a sectores de la ultraizquierda de intentar aprovechar y amplificar el movimiento. Una nota de inteligencia de la Prefectura de Policía señala presencia de militantes de extrema izquierda desde las primeras movilizaciones, aunque la propia información publicada en Francia describe unas protestas mucho más dispersas y espontáneas de lo que sugeriría una dirección centralizada. Mélenchon niega estar detrás de los disturbios, mantiene su apoyo a las reivindicaciones estudiantiles y ha condenado los episodios violentos.

La discusión importa especialmente porque Francia entra ya en la carrera presidencial de 2027. Marine Le Pen aparece entre el 33% y el 35% de intención de voto en los últimos escenarios publicados por Ipsos, mientras Mélenchon se mueve entre el 15,5% y el 17% y conserva una base particularmente fuerte entre los jóvenes. Los dos polos más duros de la política francesa llegan fortalecidos mientras el antiguo espacio central de Emmanuel Macron se fragmenta.

Schapire sostiene que Mélenchon ha cambiado también la naturaleza de la izquierda francesa. La antigua tradición republicana, laica y obrerista habría ido dejando espacio a una política construida sobre identidades, minorías y una división constante entre opresores y oprimidos. Utiliza como ejemplo la evolución del propio Mélenchon respecto al velo islámico: de considerarlo años atrás una forma de opresión contra la mujer a convertirse en uno de sus defensores políticos más destacados. Esa transformación permite entender, según Schapire, la alianza electoral entre parte de la izquierda radical y sectores musulmanes de los suburbios.

Palestina aparece ya en movilizaciones que comenzaron hablando de profesores, instalaciones educativas o Parcoursup. Las banderas palestinas se repiten junto a símbolos de La France Insoumise y el conflicto de Oriente Medio se ha convertido en una cuestión interna francesa. Schapire relaciona ese fenómeno con el aumento del antisemitismo posterior al 7 de octubre de 2023 y con una situación especialmente incómoda para la comunidad judía francesa, atrapada entre el origen histórico del Rassemblement National y una extrema izquierda cada vez más enfrentada al sionismo.

La cuestión española atraviesa todo el análisis. Francia funciona desde hace años como un posible adelanto de debates que después llegan a España: inmigración, crecimiento de Vox, polarización, Palestina, islamismo, identidad nacional y una izquierda que endurece su discurso para no perder espacio frente a formaciones situadas más a su izquierda.

Schapire cree que España todavía tiene una composición social distinta, pero no ve ninguna razón para considerarla inmune. Ceuta, la política de Pedro Sánchez respecto a Palestina, las discusiones sobre inmigración y la creciente importancia electoral de las identidades forman parte de ese mismo proceso. Su expresión es contundente: desde Francia, muchos debates españoles producen una sensación permanente de déjà vu.

La pregunta final va todavía más lejos. Si Francia, Alemania, Reino Unido, Italia o España viven simultáneamente conflictos internos cada vez más identitarios, religiosos y culturales, quizá la próxima gran confrontación europea no adopte la forma de una guerra convencional entre Estados. Schapire habla de conflictos civiles prolongados, conectados entre países, donde la frontera política importe menos que la identidad cultural, religiosa o ideológica.