[Juan Soto Ivars] (September 2, 2026) Ceuta ES España, Y España ES Ceuta
Yo pensaba que el problema de Pedro Sánchez hoy eran las manifestaciones por Ceuta.
Porque mientras el PSOE pide a los suyos que no salgan a la calle, conviene hacer el ejercicio
de escuchar a Vivas recordar, lo que hizo y sobre todo lo que no hizo el Gobierno con Ceuta.
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Hoy, 2 de septiembre, hay manifestaciones convocadas en distintas ciudades de España en apoyo a Ceuta. Y mientras el PSOE ha pedido a su militancia que no participe al considerar que las protestas están politizadas, el problema para el partido está apareciendo dentro de sus propias filas. En Ceuta hay cargos socialistas que han decidido desobedecer esa consigna y acudir.
Uno de ellos es Melchor León, diputado socialista en la Asamblea de Ceuta, que asegura llevar participando en las movilizaciones ciudadanas desde el comienzo de la crisis. Su argumento es sencillo: no considera que la manifestación pertenezca al PP, a Vox ni a ninguna otra formación, sino que es una convocatoria de apoyo a los ceutíes. León afirma además haber recibido “toques y sugerencias” desde finales de julio, cuando empezó a reclamar públicamente una actuación más contundente del Gobierno.
Juan Vivas, presidente de Ceuta desde 2001 y tradicionalmente uno de los dirigentes más moderados del Partido Popular, ha concedido una larga entrevista a Carmen Echarri, directora de El Faro de Ceuta. Merece la pena escucharla porque Vivas realiza probablemente una de las reconstrucciones más ordenadas y contundentes que se han hecho hasta ahora sobre lo ocurrido.
Y lo hace planteando una sucesión de preguntas muy difíciles para el Gobierno.
¿Por qué no existía un plan de reacción después del precedente de mayo de 2021? Si existía, ¿por qué no se aplicó? ¿Por qué no se reaccionó ante las advertencias previas? ¿Por qué, inmediatamente después de la entrada masiva, no se utilizaron medios proporcionales a la gravedad de la situación? ¿Por qué apenas 72 horas después se anunció que Ceuta estaba recuperando la normalidad? ¿Por qué un mes después todavía no se sabía exactamente cuántas personas permanecían en la ciudad ni quiénes eran? ¿Por qué se tardó un mes en activar la Ley de Seguridad Nacional y establecer un mando único?
Vivas recuerda además un dato especialmente incómodo. Una semana antes de la entrada masiva Ceuta tenía unos 180 menores acogidos; el día anterior eran aproximadamente 800. Según su relato, desde la ciudad se avisó repetidamente de que estaba ocurriendo algo extraordinario. La respuesta que recibieron fue que estaban exagerando y que aquello era “lo de todos los veranos”. También asegura que llamó a Moncloa y habló con el jefe de Gabinete, además de contactar con Exteriores, Interior y los departamentos relacionados con infancia.
Por eso Vivas plantea tres posibles explicaciones para la actuación del Gobierno: indolencia, irresponsabilidad o la voluntad política de no molestar a Marruecos. Y descarta que pudiera ignorarse la gravedad de lo ocurrido porque el propio Pedro Sánchez calificó lo sucedido como un “ataque a la integridad territorial de España”. Si ese diagnóstico era correcto, argumenta Vivas, la respuesta debería haber estado a la altura de esa definición.
La entrevista resulta especialmente significativa porque no estamos escuchando a un dirigente conocido por la confrontación con Moncloa. Vivas reivindica expresamente su trayectoria de moderación, conciliación y lealtad institucional. Precisamente por eso sostiene que ha llegado un momento en el que permanecer callado sería desleal con Ceuta y con España.
Su prioridad inmediata tampoco admite demasiadas interpretaciones: conocer cuántas personas permanecen realmente en Ceuta, identificarlas, establecer un horizonte para las devoluciones, reforzar las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y garantizar a los ciudadanos que una entrada semejante no volverá a repetirse. Vivas describe la ciudad como una “olla de presión” y advierte de los riesgos para la seguridad ciudadana, los servicios públicos, la convivencia y la propia seguridad nacional.
Y ahí está el sentido de las manifestaciones del 2 de septiembre.
El Gobierno y la dirección del PSOE pueden discutir quién las convoca, quién participa o qué banderas aparecerán. Pero resulta bastante más difícil explicar por qué dirigentes socialistas de la propia Ceuta están dispuestos a enfrentarse a su partido para acudir.
Porque para quienes llevan un mes viviendo allí, la discusión ya no consiste en decidir quién consigue apropiarse políticamente de una manifestación.
Consiste en saber qué ocurrió, por qué ocurrió, por qué nadie lo impidió y, sobre todo, quién puede garantizarles que no volverá a ocurrir.
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