[Juan Soto Ivars] (September 15, 2026) TVE y Ceuta Confirman que el Feminismo Radical Sólo Quería TU Voto

Ceuta ha colocado al feminismo institucional ante su enésima contradicción.
La seguridad de las mujeres ha sido siempre crucial, pero eso en Ceuta ya no vale.
Si eres reportera de TVE y te agreden el feminismo no tiene nada que decirte.

Durante una conexión en directo desde Ceuta, una reportera de RTVE se aparta de golpe cuando un hombre pasa por detrás y parece tocarle el culo. Ella reacciona con miedo y el cámara se aleja con ella, pero la emisión sigue sin detenerse y en plató no se comenta lo ocurrido. Tampoco se identifica al hombre ni se aclara después qué pasó exactamente.

De ese caso no habla nadie del feminismo institucional. Y bueno, en general todo lo que está pasando en Ceuta se les está haciendo bastante bola.

Ana Redondo compareció en el Congreso, viajó a Ceuta y ha insistido en la especial vulnerabilidad de mujeres y niñas, migrantes. El 31 de agosto cifró en 21 las agresiones sexuales registradas durante la crisis, cinco con penetración y un intento, y reclamó protección para las víctimas. Una semana después pidió espacios seguros y coordinación con Policía, Guardia Civil, Fiscalía y entidades sociales. También dejó una frase que resume su posición: “La responsabilidad por una agresión es siempre de quien la comete y no puede extenderse al conjunto de las personas migrantes”.

Ese principio es difícil de discutir. El problema aparece al compararlo con una década de política feminista construida alrededor de categorías colectivas como “violencia machista”, “violencia de género” o “cultura de la violación”. Ceuta obliga a separar al agresor del grupo al que pertenece con una precisión que en otros debates aparece mucho menos.

La tensión ha crecido con nuevos episodios. El 13 de septiembre fue detenido un ciudadano marroquí después de que una mujer denunciara que la sujetó del brazo en pleno centro de Ceuta y se bajó los pantalones. Ese mismo fin de semana un cámara de laSexta, Tano García, recibió una pedrada mientras cubría altercados en la playa del Trampolín. En la conexión explicó además que acababan de ver a una mujer tirada en el suelo.

Asociaciones de prensa han convocado concentraciones y reclamado protección. La cuestión no es fingir que no existe respuesta corporativa, sino observar cómo cambia el tratamiento político según quién agrede, quién es la víctima y qué consecuencias tiene identificar al autor.

El caso de Marina, una vecina ceutí que dijo ante las cámaras “quiero volver sola y borracha a mi casa”, llevó la discusión directamente hasta Irene Montero. La frase recuperaba uno de los lemas más conocidos del feminismo para denunciar que ahora evita salir de noche y lleva gas pimienta. La respuesta atribuida a Montero en redes no se centró en ese miedo, sino en el racismo: sostuvo que la reacción social sería distinta si los migrantes fueran blancos. Montero, que acaba de lanzar su candidatura para liderar la izquierda en 2027, sí ha hablado de Ceuta estos días, pero su discurso se ha concentrado en la gestión migratoria, los derechos humanos y el trato desigual a los marroquíes.

No puede decirse que Igualdad o Podemos estén callados sobre Ceuta. Sí puede decirse que sus prioridades son distintas. Ana Redondo insiste en proteger a mujeres y niñas migrantes y en no demonizar a “todo un pueblo”. Irene Montero sitúa el foco en el racismo y la respuesta humanitaria. Mientras tanto, mujeres ceutíes aparecen en televisión hablando de miedo, cambios de rutina y espacios que ya no frecuentan.

Marlaska ha descrito parte de ese malestar como una “sensación de inseguridad subjetiva”, aunque la ciudad acumula denuncias, detenciones, reyertas y agresiones sexuales, mientras también crecen los ataques xenófobos contra musulmanes y personas confundidas con migrantes. Las dos realidades coexisten.

Ceuta no permite un relato cómodo. Hay mujeres migrantes vulnerables, mujeres ceutíes asustadas, agresores españoles y extranjeros, racismo, violencia sexual y periodistas agredidos. Por eso resulta revelador observar qué hechos generan campañas, lemas y movilización política y cuáles reciben una respuesta mucho más cautelosa.

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