[Juan Soto Ivars] (January 21, 2026) Soto Ivars: Conviene preguntarse por qué Sarah Santaolalla se victimiza tanto y tan bien

El acoso a Sarah Santaolalla, y a todo el mundo, es intolerable.
Lo curioso es ver cómo cada uno gestiona esos episodios y como ciertos victimismos,
además de muy rentables, sirven para que no se hable de informes que critican a TVE.

La polémica en torno a Sarah Santaolalla se ha convertido en uno de los episodios más ilustrativos del clima de polarización política y mediática en España.

En la última semana, entre cocos, tumbas vandalizadas y Vito Quiles, la pobre Sarah no ha dado a basto. Todo terrible y todo comentado hasta la saciedad tanto por ella como por muchos terminales mediáticos digamos de los de su lado.

En paralelo el Consejo de Informativos de RTVE publicó un informe muy contundente que pone en cuestión la imparcialidad de varios programas de Televisión Española, entre ellos Mañaneros 360 y Malas Lenguas, espacios presentados por Jesús Cintora y Javier Ruiz que han colaborado bastante al ascenso mediático de Sataolalla.

El documento, de más de 140 páginas, elaborado por trabajadores de la propia corporación pública, recoge numerosos casos de manipulación informativa, tratamientos sesgados, tertulias partidistas y una reiterada inclinación favorable al Gobierno del PSOE, lo que ha generado más de cien denuncias formales.

Y, ¿de qué habéis oído más hablar? ¿De la gravedad del informe y de cómo este habla de la propaganda gubernamental pagada con dinero público? ¿O de todo lo de Sarah?

Este patrón no es nuevo. En el ecosistema mediático español, la victimización es muy rentable y se ha consolidado como una herramienta eficaz para desactivar críticas, generar presión moral, movilizar apoyos automáticos y en definitiva modular la conversación pública.

El señalamiento de insultos, amenazas o episodios de hostigamiento se magnifican y se convierte en un escudo narrativo que permite esquivar debates incómodos sobre responsabilidad profesional, ética periodística o manipulación política.
Vamos que el victimismo deja de ser una reacción para convertirse en una estrategia comunicativa que algunos saben jugar muy bien.

El trasfondo de este fenómeno apunta a un rasgo cada vez más visible en ciertos líderes de opinión: una inclinación narcisista que encuentra en el llanto público, la exhibición del daño y la demanda de apoyo una forma de reafirmación personal y política.

Insistimos, el insulto, el acoso, el señalamiento… todo eso es deplorable le toque a quien le toque. Ahora, si trabajas de cara a cámara, a veces conviene relativizar y, como se dice, ir llorado de casa.