[Juan Soto Ivars] (January 26, 2026) Soto Ivars: ¿Y SI Estalla Algo Chungo EN USA Cómo LO Llamamos?

Los del pasamontañas (ICE) han vuelto a demostrar en Minneapolis que son de gatillo fácil.
Y, por más que os joda, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Fascismo, versión oficial,
estado policial, liberalismo y democracia no significan lo que tú quieres o lo que te conviene.

Minneapolis se ha convertido en el laboratorio de una deriva que mezcla redadas migratorias, fuerzas federales enmascaradas y uso letal de la fuerza en plena calle. Agentes del ICE y de la Border Patrol patrullan barrios urbanos con pasamontañas, armamento pesado y sin identificación visible, superando en número a la policía local. No actúan en la frontera, actúan en vecindarios. No buscan solo a inmigrantes sin papeles con antecedentes, van a por cualquiera que se cruce o se interponga.

Durante una redada contra un inmigrante ecuatoriano, varios agentes empujan y gasean a una mujer. Un hombre se coloca delante para protegerla. Porta legalmente una pistola en la funda, algo permitido en Minnesota. No la saca. No apunta. No amenaza. Seis agentes lo reducen en el suelo y disparan. Muere allí mismo. Minutos después llega el relato: “disparos defensivos”, “amenaza armada”, “respuesta proporcional”. Las imágenes cuentan otra cosa.

ICE nació en 2003 con límites claros: no entrar en domicilios sin orden judicial, no actuar en hospitales, colegios o iglesias. Hoy entra en casas, identifica en la calle por acento o color de piel y actúa sin orden judicial. Ciudadanos estadounidenses son detenidos por “parecer extranjeros”. Comercios cerrados, clases suspendidas, protestas constantes y miedo generalizado paralizan la ciudad.

Minnesota no es un foco de inmigración irregular. Minneapolis sí es un símbolo político: ciudad demócrata, epicentro de las protestas tras George Floyd. El despliegue de más de 3.000 agentes federales frente a unos 600 policías locales no responde a una necesidad operativa, sino a una lógica de escarmiento, espectáculo y mensaje. Crear el conflicto, provocar la reacción y presentarse después como el único capaz de imponer orden. Trump acusa al gobernador y al alcalde de fomentar la insurrección y deja abierta la aplicación de la Ley de Insurrección para sacar al ejército a la calle.

Estados Unidos no exige DNI. La Segunda Enmienda protege el derecho a portar armas precisamente como defensa frente a un gobierno que viole la Constitución. Ese marco convierte este choque en algo mucho más grave: fuerzas parapoliciales actuando contra población civil armada, detenciones arbitrarias, terror como método y propaganda inmediata para justificarlo.

¿Es sensacionalismo decir que esto puede acabar en guerra civil? ¿Es conspiranóico decir que la administración Trump está haciendo esto a propósito?
Veremos, lo que está claro es que hay cosas que suenen a trucos muy viejos que se han utilizado por muchos gobernantes.

Y bueno, luego tenemos el espejo incómodo. Los mismos que se burlan de la versión oficial de Óscar Puente, que desconfía de Pedro Sánchez, de Moncloa y de TVE, los mismos que denuncian la sincronizada mediática española cuando toca trenes, apagones o gestión política, asumen sin pestañear la versión oficial del gobierno de Donald Trump en sucesos como este.

La desconfianza deja de ser un principio y pasa a ser una herramienta selectiva.
Y la sincronizada funciona igual aquí y allí: decide cuándo hay que creer, cuándo hay que callar y cuándo politizar. Se desprecia el relato institucional cuando viene del propio gobierno y se defiende como verdad revelada cuando llega de un gobierno ideológicamente simpático. No importan los hechos, importa el bando.

Es cierto que durante años se ha llamado fascista a todo: periodistas, presentadores, partidos, votantes. El término se ha manoseado tanto que ha perdido significado. Y claro cuando aparecen prácticas que sí encajan con el manual histórico del fascismo: cuerpos parapoliciales, violencia impune, ocupación interna, suspensión de garantías, propaganda estatal cuesta reconocerlas. Os suena eso de que cuando todo es fascismo, nada lo es, ¿no?

Al final el problema nunca es Trump, Sánchez, o Puente. El problema es renunciar a mirar la realidad cuando deja de convenir.