[Juan Soto Ivars] (April 11, 2026) LA Agencia Tributaria NO Quiere QUE Veas Esto | Soto Ivars, Alfonso Ussía
Mientras calculáis cuánto os toca pagar en la renta de este año “no molestéis a Jéssica”.
No penséis en Ábalos, Koldo, Miss Asturias, Adif y Adamuz. No penséis que con vuestros impuestos se pagan enchufes y se protegen tramas de corrupción porque lo que das, vuelve.
El Podcast completo: https://youtu.be/IEoKAYw9uXc?si=ZOM2w4I1fvADJw0B
El canal de La Cuota: https://www.youtube.com/channel/UCELHdw66pZl3tRwTZv-whVA
Mientras media España se pelea con la declaración de la renta, el Tribunal Supremo escucha a Jéssica Rodríguez negar que ejerciera la prostitución, reivindicarse como “dentista y colegiada” y admitir que cobró de empresas públicas sin trabajar.
Esto al mismo tiempo salen a la luz nuevos datos sobre el accidente ferroviario de Adamuz, con un informe de la Guardia Civil que sitúa la rotura de la vía 22 horas antes del siniestro y apunta a que el sistema de Adif no lanzó la alarma porque el umbral estaba configurado por debajo de lo exigido.
Una cosa y la otra, por lo que sea, no encajan demasiado bien en el estado de ánimo de un contribuyente que paga, calla y ve cómo el dinero público se va por el desagüe mientras los fallos graves siguen ahí.
La parte más escandalosa del juicio de Ábalos no está solo en el morbo ni en el nombre de Jéssica. Está en la normalidad del mecanismo. Jéssica reconoció en el Supremo que cobró casi 44.000 euros de Ineco y Tragsatec sin desempeñar funciones reales, y otra de las testigos, Claudia Montes, ex Miss Asturias, explicó que en su puesto en Logirail pasaba horas leyendo libros de trenes en horario laboral.
Y es que estos dos casos extravagantes, nos dan la imagen de una administración pública donde el enchufe, el favor y el “déjala en paz, que esto viene de arriba” están más normalizados de lo que nos gustaría. Pero cuando el favor tiene padrino político, la maquinaria pública no corrige el abuso, sino que lo protege.
Y lo que late por debajo de todo esto es una intuición muy simple y muy incómoda: el problema no es solo Ábalos. El problema es una cultura administrativa entera. Una cultura donde colocar a alguien no se vive como una anomalía escandalosa, sino como una extensión casi natural del poder.
El caso Koldo ha explotado porque el protagonista fue ministro y porque la trama huele a novela de chanchullo cutre, pero la fuerza del asunto está en la sospecha de que el sofá para la Jéssica de turno existe a muchas escalas, en ministerios, en empresas públicas, en ayuntamientos…
Te dicen que lo que das vuelve pero el dinero que sale del bolsillo del contribuyente no vuelve como servicio, vuelve como estructura parasitaria, como puesto inventado, como margen para el capricho del que manda y, en el peor de los casos, como incapacidad del sistema para evitar una tragedia anunciada.