[Juan Soto Ivars] (June 4, 2026) Soto Ivars: BAD Bunny Y SU Casita Descolocan (y calientan) A LAS Feministas

Bad Bunny llena diez veces el Metropolitano y por supuesto su Casita. Al concierto puede ir todo el
mundo, pero al otro set parece ser que si no eres famoso y sobre todo normativa no puedes subir.
Este artículo de El País de “queremos gordas” es real y, en mi opinión, más disfrutable que el de PR.

Ester Expósito, Ana de Armas, María León, Marta Ortega, futbolistas, influencers y fans seleccionadas han convertido el escenario secundario de Bad Bunny en el espacio más discutido de Madrid.

Bad Bunny ha llegado a Madrid con una residencia de diez conciertos en el estadio Metropolitano, más de 600.000 entradas vendidas y una escenografía construida alrededor de La Casita, una recreación de vivienda puertorriqueña convertida en escenario VIP. La gira “Debí tirar más fotos” mezcla reggaetón, salsa, bomba y plena, pero el debate español se ha desplazado hacia la selección de personas que suben a ese espacio durante el show.

En el reportaje de Ana Marcos en El País sobre el primer concierto en Madrid, el 30 de mayo, se describe a un grupo de ojeadores que recorre pista y gradas buscando fans para llenar La Casita. Y a la vez apunta el criterio denunciado en redes: por qué las mujeres jóvenes, atractivas, delgadas, con estética caribeña y cuerpos normativos pueden entrar y las gordas no.

El caso tiene todos los ingredientes de la cultura de 2026: fans que preparan el outfit en TikTok, vídeos de “get ready with me”, tutoriales para llamar la atención de los ojeadores, novios convertidos en fotógrafos, influencers intentando entrar, famosas ya dentro y una frontera simbólica entre grada, pista y escenario. La Casita, pensada como homenaje a Puerto Rico, ha terminado funcionando como escaparate de estatus. Público la describe como un símbolo de privilegio dentro del propio concierto.

La contradicción es preciosa: Bad Bunny es defendido por parte del feminismo pop como artista político, antirracista, antimigratorio, puertorriqueño, queer-friendly y crítico con Trump aunque al mismo tiempo, sus letras y su puesta en escena siguen apoyándose en códigos de deseo, selección femenina, cuerpos bonitos y fama.

El debate se ha extendido porque La Casita no solo la ocupan fans. Por allí han pasado Ester Expósito, Ana de Armas, María León, Marta Ortega, jugadores del Real Madrid y el Rayo Vallecano, además de influencers y rostros virales. Ester Expósito ha respondido a las críticas tras su presencia en el VIP y ha situado el problema en el odio en redes y en el juicio misógino hacia las mujeres expuestas públicamente.

Inés Hernand también ha dicho algo parecido en un vídeo de TikTok. Ya sabéis el feminismo no depende de que te guste o no Bad Bunny. O sea el portorriqueño es una excepción simple y llanamente porque mola.

El País ha publicado también una crítica a La Casita como símbolo vacío: una escenografía que toma una vivienda puertorriqueña con carga histórica y la convierte en objeto de consumo, nostalgia y lujo visual. Ahí la controversia se separa de las fans normativas y entra en apropiación cultural, mercado, identidad puertorriqueña, estética caribeña, turismo emocional y espectáculo global.

El choque mediático lo completa Jorge Bustos en El Mundo con “La casita del terror”, una columna contra el fenómeno Bad Bunny, el reggaetón y la liturgia de masas alrededor del cantante.

La pregunta está servida ¿Es Bad Bunny feminista? , ¿La Casita mola incluso llena de mujeres normativas y sin gordas?