[Juan Soto Ivars] (July 12, 2026) Soto Ivars: Irene Montero NO Soporta QUE EL Xokas NO LA VEA Atractiva

España es un lugar muy pequeño como para que dos titanes de la talla de el Xokas y de Irene
Montero, convivan sin tener roces. Ahora a la exministra hace ver que le ha molestado que el
streamer elija a su novia frente a Ester Expósito. ¿Será un ataque de celos? ¿Despecho?

La polémica entre El Xokas, Ester Expósito e Irene Montero funciona como un caso de laboratorio sobre cómo opera hoy el feminismo político en redes. Un streamer hace un comentario vulgar sobre una actriz, la izquierda digital lo convierte en síntoma de machismo estructural, figuras de Podemos entran al choque, los medios amplifican la indignación y el debate deja de ser sobre una frase concreta para convertirse en una batalla moral sobre hombres, mujeres, deseo, ideología y poder.

El Xokas dijo en directo que no le merecería la pena estar con una mujer tan atractiva como Ester Expósito si tenía determinado pensamiento político, y añadió que prefería estar “con un seis” antes que con alguien así. La frase fue interpretada como una valoración machista y despectiva de una mujer reducida a número, físico y utilidad sexual. La polémica saltó rápidamente a redes y fue recogida por varios medios como una nueva controversia del streamer.

La reacción de Irene Montero encaja en una línea política muy reconocible. La exministra de Igualdad no responde solo a una grosería concreta, sino que coloca el episodio dentro del marco habitual de Podemos: machismo, cosificación, hombres heterobásicos, mujeres tratadas como objetos y resistencia masculina al feminismo. En esa lectura, El Xokas no es solo un creador de contenido diciendo una barbaridad en un directo; es un representante de la “machosfera” y de una cultura digital que puntúa, clasifica y disciplina a las mujeres.

El caso es interesante porque El Xokas no responde al molde perfecto del “incel” que suele utilizarse en estas polémicas. Tiene éxito, dinero, comunidad, pareja y capacidad de influencia. Eso complica la reacción habitual. Cuando un hombre sin prestigio sexual ataca a una mujer famosa, el feminismo digital puede responder con facilidad: resentido, frustrado, incel. Cuando quien habla es un streamer con una enorme audiencia y una vida sentimental pública, el ataque cambia: no se le niega solo atractivo, se le convierte en prueba de una masculinidad vulgar, sucia, inmadura y socialmente peligrosa.

Ahí aparece una contradicción habitual en estas guerras de redes. Se critica que un hombre valore a una mujer por su físico, pero muchas respuestas feministas o progresistas atacan a El Xokas por su aspecto, su forma de comer, su sofá, su cuerpo, sus modales o su supuesta incapacidad de resultar deseable. La crítica a la cosificación convive con otra cosificación inversa. El problema ya no es puntuar cuerpos, sino quién tiene derecho a puntuar y desde qué posición moral.

También hay una dimensión política de pareja e ideología. El comentario de El Xokas no se limita al atractivo físico de Ester Expósito; introduce una variable política: no estaría con ella por lo que piensa. Ese razonamiento es común en redes, especialmente desde 2016. Muchísima gente declara que no saldría con votantes de Vox, con feministas radicales, con comunistas, con “fachas”, con “progres”, con taurinos, con animalistas o con negacionistas. La politización de la intimidad no la inventa El Xokas. La lleva años practicando el propio ecosistema que ahora se escandaliza.

La diferencia es que, cuando ese filtro ideológico lo formula un hombre contra una mujer progresista famosa, se interpreta como violencia de manera gratuita y sin más justificación.

La Ministra de Igualdad actual, Ana Redondo, aunque en principio mantiene un perfil menos podemita, también ha entrado al trapo. Lo que significa que el feminismo institucional no ha desaparecido con la salida de Irene Montero. Ha cambiado de tono, pero no de campo de batalla. Redes, sexualidad, lenguaje, educación, masculinidad y violencia siguen siendo asuntos centrales. La diferencia es que Podemos los convierte en conflicto político directo, mientras el PSOE intenta administrarlos con lenguaje más institucional.

En este contexto, influencers y streamers son actores políticos aunque no quieran serlo. El Xokas, Ibai, Auron, TheGrefg, Alán Barroso, Inés Hernand, Marina Rivers, UTBH, Wall Street Wolverine o cualquier creador con comunidad propia ya no son solo entretenimiento. Sus frases producen climas, reacciones y alineamientos. A veces un comentario de directo tiene más circulación que una comparecencia parlamentaria. Por eso los partidos los observan, los usan, los critican o intentan neutralizarlos.

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